El campo de lo social se caracteriza por el
dinamismo utilizado a la hora de llevar a cabo la acción social, pero aún así
en muchas ocasiones los recursos resultan insuficientes y debemos descubrir de
nuevos.
Estos recursos deben facilitar la relación
y el intercambio social entre las personas y el entorno. Dinámicas de
crecimiento personal y grupal que aporten experiencias relacionales,
constructivas, sociales, críticas, integradoras, deshinibidoras…
Uno de los recursos más innovadores y eficaces es el
teatro. Aunque la imagen que tenemos del teatro y todo lo relacionado con la
cultura es normalmente elitista, es decir reservado a los profesionales, los
lenguajes expresivos pueden llegar a ser una herramienta que ofrece ventajas
educativas a cualquier persona que le identifiquemos sus potencialidades para
poder convertirse en un agente creador de cultura.
El teatro genera diversas propiedades que favorecen a
nuestra labor como educadores sociales: autocontrol, creatividad, motivación,
trabajo en equipo, confianza, crecimiento personal, aprendizaje de técnicas,
experimentación…
Augusto Boal desarrolla la tesis de la base
teórica del teatro social, basada en el Teatro del oprimido, el cuál defiende
que cualquier persona puede hacer teatro incluso los espectadores, nombrados
ahora ‘espectactores’. Es así como el teatro se puede entender como un elemento
terapeútico, herramienta educativa o agente de transformación social.
Así que podríamos definir el teatro social
como un elemento que erradica las desigualdades para poder hacer accesible el
arte y la cultura a toda la sociedad. Este hecho ayudará a elaborar caminos de
expresión, creación y sobretodo comunicación individual, grupal y comunitaria.
Poder interpretar un papel que no
corresponde al de tu vida cotidiana te proporciona ver las cosas de diferente
perspectiva, buscar alternativas y nuevas formas de conducta para enfrentar nuevas
intervenciones educativas.
En definitiva, podríamos decir que el
teatro social es un elemento integrador ya que es un acto muy grupal. La
participación en un grupo aporta la sensación de pertinencia social, incrementa
la cohesión mientras que erradica la competición.




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